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  • Roberto Rosendo Ríos Vargas
  • Trabajando, no hay de otra

  • hay familias que viven con menos de tres mil pesos al mes y aun así, pagan renta, visten, mandan a los niños a la escuela...

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  • El señor se acomodó casi al final del microbús que estaba muy lleno, eran las seis de la tarde y a pesar de la hora, el calor se sentía como si fuera medio día, mientras tanto, más y más gente abordaba el transporte público.

    Subió una chica, pagó su pasaje e inmediatamente el hombre la reconoció y desde el fondo le gritó, güera vente para acá conmigo, y ella desde el otro lado del micro le contestó ¿cómo has estado?, él dijo con voz alta, bien, no me quejo, pues en la chamba, no hay de otra.

    El micro totalmente lleno por fin avanzó, ella se acercó a él a empujones y quedaron junto a mí, los miré y puse atención en su plática. Él traía la mano vendada, vestía pantalón tipo militar y una playera negra, tenía aproximadamente 45 años; tenía una mochila en la que dijo llevaba corbatas, mismas que le ofreció a su conocida.

    La mujer era más joven, de unos 30 años, era alta y de cabello rizado, llevaba un paliacate amarillo amarrado en la cabeza, un pants rosa, tenis color gris y playera blanca, cargaba una bolsa deportiva pues al parecer regresaba del gimnasio.

    Ellos seguían en su plática, ¿tu esposa está embarazada verdad?, preguntó ella emocionada; sí, ya tiene ocho meses y medio, está a punto de aliviarse, estoy muy contento, dijo el hombre. Entonces ella lo puso a pensar, ¿pero, ya cuántos tienes? Y él con cara de susto dijo, uno, dos, tres, seis, creo que con éste que está por nacer ya son seis y suspiró.

    Su respuesta llamó mi atención, pues no es común que alguien no sepa cuántos hijos tiene, pero más me sorprendió la cantidad de niños que mencionó, lo miré de reojo y me di cuenta que no tenía pinta de ser una persona adinerada.

    La chica igual de sorprendida que yo, le dijo ¿en serio seis y cómo le haces para mantenerlos? Y él muy sonriente dijo, pues trabajando mi güera, no queda de otra, uno no quisiera trabajar pero pues Dios nos manda a los hijos, y pues él sabe por qué, igual es para que me componga de una vez por todas.

    Como yo, otros pasajeros miraban a los amigos, escuchaban atentamente su plática, pues el hombre presumió que además de su trabajo fijo hacía “bisnes” para sacar una lanita extra y así poder llevar dinero y comida a su casa.

    Mira, gano siete mil pesos al mes, con eso pago la renta, me cobran mil 500 mensuales con todo y servicios, hay que mandar a los chamacos a la escuela, le doy a mi mujer para los abonos de los muebles del Elektra, a veces ayudo a mi mamá con las medicinas de su diabetes, pero me alcanza re bien, hasta me doy uno que otro lujo; no me quejo, me va bien y espero que este bebé traiga torta bajo el brazo y nos llene de más bendiciones.

    ¿Y qué dice tu esposa, ya le paran, se opera o van a buscar otro más?, le cuestionó la mujer que ponía atención a todo lo que le decía su interlocutor, mientras sonreía y afirmaba con la cabeza todo el tiempo.

    No, ya le paramos, ya es tiempo de cerrar la fábrica, ya son muchos ¿no?, bueno mi güera me dio mucho gusto verte, me voy acercando a la puerta porque ya casi bajo, se despidió el hombre que abrazó a la mujer y tocó el timbre. Una calle adelante, la mujer también hizo la parada y descendió del microbús.

    Yo bajé en la siguiente parada y mientras caminaba a mi casa, pensé en lo difícil que puede ser mantener a una familia de tantos integrantes, pero también pensé en la tranquilidad con la que se toma la situación, su situación.

    Aunque hoy en día hay parejas que deciden no tener hijos o que tienen sólo uno o dos, en nuestra Ciudad de México, todavía se ven familias numerosas, de siete u ocho integrantes; y a pesar de que este hombre tenía un trabajo con el que dijo le alcanzaba para mantener a su familia, hay quienes no corren con la misma suerte, pues las oportunidades no son iguales para todos, hay familias que viven con menos de tres mil pesos al mes y aun así, pagan renta, visten, mandan a los niños a la escuela, compran refrescos y a veces hasta comen en la calle.

    A pesar de todo, la historia de ese hombre me dejó claro que no importa lo difícil que sea conseguir el dinero para vivir, lo verdaderamente importante es tener una familia, estar con la familia, esperar a un hijo más, tener fe en que se pueden recibir más bendiciones; así que llegué y abracé a mi esposa, di gracias a Dios por la casa, la comida en mi mesa y por tener una trabajo con qué mantener a mi familia.

    Nos leemos la próxima, recuerden que siempre hay una historia distinta que contar; me despido desde la Capital Azteca. ¿Quieres que cuente tu historia? Escríbeme a mi correo electrónico.

    El autor es reportero, cronista, escritor, especialista en lucha libre y aficionado al futbol. elbone089@gmail.com

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