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  • Probidad o indignidad

  • Han construido el más grande edificio de la corrupción y lo han llevado a niveles poco concebibles

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  • Por Vladimir Galeana

     

    Mucho ha insistido eso que llamamos “sociedad civil organizada” en la dignificación del ejercicio político, pero pareciera que cuanto más criticamos en nuestro papel de contribuyentes, más cínicos se vuelven quienes por desgracia integran esa plaga que ha generado brutales consecuencias y desastrosas administraciones en todos los niveles de gobierno. Resulta insultante escuchar hablar del combate a la corrupción a quienes cada día toman la tribuna para presentarse como los más prístinos impulsores de la transparencia, y que al cabo del tiempo demuestran su vocación por la opacidad temerosos de que nos enteremos de sus inusitadas riquezas.

    Hombres y mujeres de todos los orígenes sociales, de todas las expresiones políticas, de todas las regiones del país y de todas las ideologías, antes que servir de guías de la sociedad actual han construido el más grande edificio de la corrupción y lo han llevado a niveles poco concebibles.

    Elba Esther Gordillo Morales se le detectó una fortuna cercana a los dos mil millones de pesos y hasta ahora no hemos sabido los mexicanos cuánto de esa fortuna le ha sido requisado por las autoridades, pero su afán por regresar a su piso de la calle de Galileo en la Colonia Polanco, es la mejor forma de terminar sus días en los lujos y la abundancia a la que se acostumbró desde que alcanzó el liderazgo magisterial.

    La carrera política tuvo momentos de respeto entre los mexicanos, pero comenzó a degenerar con el cinismo de José López Portillo de pretender llorar en la tribuna más alta del país al anunciar que nos habían saqueado, sin decir que fue el principal impulsor de ese saqueo. Así comenzó una de las mayores desgracias de este sufrido pueblo mexicano.

    La indignidad se apoderó de todas las estructuras de gobierno, y el reto que como sociedad tenemos que asumir es el retorno de la probidad en el manejo de las arcas públicas. Será titánica una tarea de este tipo, pero los grandes cambios solamente son posibles si la sociedad organizada los empuja. Quienes concibieron la declaración tres de tres comenzaron una ruta que necesita seguir transitando este lastimado y ofendido pueblo.

    Tenemos que reconocer que ningún partido garantiza ese anhelo, pero lo que tenemos que cambiar no son las siglas de un partido por las siglas de otro, sino a los hombres y las mujeres que se acostumbraron a robarnos el dinero y la esperanza por vivir mejor. Insisto, solamente la sociedad civil organizada podrá lograr esa proeza. Al tiempo.

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