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  • Cecilia Durán Mena
  • Primeros pasos profesionales

  • Las universidades dejaron de ser centros de capacitación para ejecutivos de alto rendimiento, ahora también son semilleros de empresarios y emprendedores

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  • Siempre que empieza la temporada de graduaciones, fines de cursos, exámenes finales, pienso en el vértigo de acabar etapas y lo que significa estar en los albores de otras. Finalizar nos pone a las puertas del inicio de algo distinto. Esta semana estuve en el cierre de la vida estudiantil de varios de mis alumnos, me tocó darles la última clase de licenciatura, de maestría y fungir como sinodal de varios exámenes profesionales y de grado. A todos los veo pensando en las oportunidades que se les abren una vez que tienen un documento bajo el brazo. Muchos tienen un gran entusiasmo y otros tienen dudas.

    Los titubeos van desde las cosas más sencillas: ¿cómo debo redactar mi currículum vitae?, ¿cómo me debo conducir en la primera entrevista de trabajo?, ¿cuánto debo pedir de sueldo?, hasta las más sofisticadas: ¿cómo me debo de dar de alta en el registro federal de contribuyentes?, ¿cómo atraigo la atención de inversionistas?, ¿cómo solicito un crédito? En fin, los avatares que se consiguen cuando dejamos de ser algo para transformarnos en eso diferente que soñamos ser. Imagino que al salir del capullo, la anterior oruga encuentra difícil mover las hermosas alas que construyó en el periodo de confinación.

    El mundo ha cambiado vertiginosamente desde que empecé a dar los primeros pasos profesionales. En la actualidad, las universidades dejaron de ser centros de capacitación para ejecutivos de alto rendimiento, ahora también son semilleros de empresarios y emprendedores. La preparación técnica es una herramienta que los puede llevar a una corporación internacional o a crear su propia empresa.

    Hoy, existen grandes posibilidades de entrar al mundo profesional a posiciones en las que deberán coordinar esfuerzos, determinar metas y fijar objetivos desde el primer día. Podrán empezar proyectos de emprendimiento y subirse a ese pegaso dorado con el que siempre soñaron mientras estuvieron en clase. Muchos lo harán sin tener un periodo de crecimiento y maduración. Las exigencias de la actualidad y las ventanas de oportunidad que se les abren van por ese camino.

    Por ello, en esta temporada en la que muchos están empezando a dar sus primeros pasos profesionales me gustaría, además de desearles toda la suerte del mundo, decirles que les toca tomar la rienda del mundo. Que no les cuenten cuentos. Sí, es muy importante confeccionar un currículum vitae estupendo, sin embargo, hay aspectos más importantes que reflexionar. Existen tres batallas que se deben librar: la del ego, la de los vicios y la de los obstáculos. El grado de peligrosidad es el que acabo de proponer. El ego es el peor enemigo, los vicios son el peor refugio y los obstáculos implican el desaliento que pueden generar. Ganar y perder tienen sus propios riesgos. Sí ganar es riesgoso y perder tiene sus oportunidades.

    Para todo lo anterior, el mejor antídoto es tener los pies en la tierra y la esperanza puesta en lo Alto. Las grandes batallas, las peores traiciones, los éxitos rutilantes, los logros apabullantes, las lambisconerías, las felicitaciones sinceras, los descubrimientos majestuosos, las caídas precipitadas, —que de todo ello, algo habrá en el camino profesional— siempre tendrán la dimensión real cuando somos objetivos y estamos atentos.

    Si a ello le sumamos que nada es eterno, que el triunfo es una probadita de cielo y el fracaso nunca es para siempre, vamos mejor preparados al terreno profesional. Lo primero que debemos meter en nuestro portafolios es serenidad. Es tener el valor de conservar la calma en medio de nuestras preocupaciones y problemas, mostrándonos amables y cordiales con los demás. En esa condición, lo que sigue es disfrutar el camino.

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