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  • Roberto Rosendo Ríos Vargas
  • Pedro desenfundó su espada

  • Por más de 30 años Roberto Ríos ha participado en la representación anual de la pasión y muerte de Jesús

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  • La espada de Pedro

    Roberto Rosendo Ríos Vargas

    Pedro desenfundó su espada y le cortó la oreja al criado del Sumo Pontífice al tratar de acercarse a Jesús, “Pedro vuelve la espada a su vaina porque el que a hierro mata, en él perece, ¿o crees que no puedo invocar a mi padre que al punto me daría más de 12 legiones de ángeles para defenderme?”, reprendió Jesús a su discípulo, se inclinó y curó al soldado que estaba tirado boca abajo en el suelo; éste se levantó, ató las manos de Jesús y se lo llevó; Pedro se quedó en silencio y después de unos minutos dijo: “Se lo llevan, qué dolor, desde hoy mi vida va unida a la suerte de mi señor”.

    Por más de 30 años Roberto Ríos ha participado en la representación anual de la pasión y muerte de Jesús de Nazaret, que se realiza en la colonia 25 de julio, perteneciente a la delegación Gustavo A. Madero, frente a la iglesia del Señor de la Cañita, una de las tantas que se llevan a cabo en la CDMX durante la Semana Santa.

    Año con año, Roberto se da a la tarea de acudir a los ensayos que empiezan a partir del miércoles de ceniza; él es un hombre de 56 años, padre de familia y esposo; desde que participa en esta representación ha interpretado varios papeles como apóstol, ladrón, José de Arimatea, entre otros, pero desde hace ya muchos años es el encargado de dar vida al apóstol Pedro, el más cercano a Jesús.

    “El señor ya es una referencia, sabes que irás a ver la representación y que el Pedro de todos los años ahí estará, es como una tradición”, son las palabras de un hombre que vive frente al lugar donde se realiza la obra y que a lo largo de los años ha visto a Roberto encarnar ese personaje.

    La gente lo reconoce, es más no le llaman por su nombre de pila, todos le dicen señor Pedro, muchas generaciones de personas lo han visto pasar, incluso algunos de sus compañeros que ya no actúan, cuando lo ven le preguntan ¿otra vez aquí?, a lo que él les responde que mientras pueda ahí estará sin falta; de hecho el papel de Pedro ya no está disponible para ser ocupado por alguien más, pues la mayoría de la gente que se integra al grupo ya sabe que Roberto interpretará a ese apóstol.

    Según la Biblia, Pedro cargaba una espada con la que le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote, Roberto tiene la suya, está hecha de plástico en color plata; año con año cuando se acerca la fecha, la baja del altar donde la tiene, la limpia y la pinta para que luzca como nueva, a veces le cambia un poco y la tiñe de color oro; “ésta espada la adquirí hace muchos años, la fui a comprar al mercado de Sonora junto con mis compañeros que iban a salir de soldados, tenía su funda, pero en una ocasión la presté y solo me regresaron la pura espada”.

    Varias personas siempre que tienen la oportunidad le preguntan si es real, si tiene filo y corta, muchos hasta quieren tocarla o empuñarla para saber de qué está hecha, pero muy pocos lo han comprobado, pues Pedro es muy cuidadoso con sus cosas y no le gusta que jueguen con ellas.

    A lo largo del tiempo Roberto ha compartido los pasajes bíblicos con diferentes actores que han interpretado personajes principales como la Virgen María, Judas Iscariote o Jesús de Nazaret, cabe mencionar que además de personificar al apóstol al que Jesús encomendó su iglesia, el viernes santo después de que el hijo de Dios muere en la cruz, Roberto se cambia la túnica café por una color negro para interpretar el papel de José de Arimatea, el cual es el encargado de bajar de la cruz al nazareno y llevarlo al sepulcro. Aquí es cuando de nuevo, como toda una tradición, él interviene, pues a lo largo de varios años ha bajado de la cruz a muchos Cristos, de todos los tamaños y pesos, así que cada año su participación es diferente.

    “Cuando bajé de la cruz a mi primer Cristo me costó mucho trabajo, pues no estaba acostumbrado, además por la altura se complicaba, ahora después de tantos años haciéndolo, ya los tengo medidos y se cómo se le tiene que hacer para que no cueste tanto trabajo, ya perdí la cuenta de a cuántos he bajado, pero seguro van más de veinte”.

    Al término del viacrucis, Roberto cumplió como cada año junto a sus compañeros lo que se le pudiera llamar una tradición; su esposa e hijo lo acompañaron como siempre, incluso ellos también participan en la representación que este 2016 cumplió 43 años. Sin duda en la CDMX se viven historias diferentes en cada delegación, pueblo y comunidad, lo mejor es que aún existen tradiciones que van de generación en generación y que se quedan en la memoria y el corazón de la gente.

    Nos leemos la próxima, recuerden que siempre hay una historia distinta que contar; me despido desde la Capital Azteca. ¿Quieres que cuente tu historia? Escríbeme a mi correo electrónico elbone089@gmail.com

    El autor es reportero, cronista, escritor, especialista en lucha libre y aficionado al futbol.

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