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  • Omar Gonzalez
  • Nuevas larguezas, nuevos minimalismos

  • El panorama desolador de la selva hoy yerma y sus ríos secos

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  • Nuevas larguezas y nuevos minimalismos se acomodan en el Anaquel. No alcanzan rango de apotegmas, ni de frases para la posteridad –no gozarán, eso es seguro, de fama efímera y mucho menos, eternal—. Su único rasgo distintivo, si alguno tuvieren, es que no son trajes a la medida. Su única virtud, si la tuvieren, es viajar libres y momentáneamente felices. Son larguezas y minimalismos, nada más.

    Tristes, pobres, desolados…Guijarros arrojados a la orilla de la playa, brújulas sin norte; sólo dejan silencio…

    Silencio, incluso en el silencio, en el más unánime silencio, queda el bullicio de las cosas: Una taza mal puesta, un cenicero vacío, la manzana mordida de prisa y arrojada en la mesa… Los ripios del tiempo que se va.

    Asciende de la nada, suavemente, el olor pertinaz de la vainilla.

    No me sorprende la delgadez de tu mano ni la paleta de hielo ni que traigas el bolso en bandolera. Tampoco la línea de oro que asciende hacia tu ombligo ni el junco de tu cuello ni la nuca al aire ni tu espalda fría ni las perlas diminutas y áureas alrededor de tu tobillo izquierdo ni el lunar café que anida a un lado de esa otra sonrisa. Me sorprende sí, tu presencia inusitada, así tan de golpe, bajo el relente de esta madrugada fría, bajo el mismo edredón y entre silencios.

    Joyas perdidas… El poema de Mío Cid abierto entre las cúpulas gemelas del cuerpo catedral.

    La vejez viaja con nosotros. No tramita visa ni le expedimos pasaporte. Va a nuestro lado pero no la vemos. Es una sombra invisible, presente, sí, pero invisible. El día que deja de ser sombra es porque ya está ahí junto a ti, sin visa ni pasaporte, tan sólo inevitable, como la muerte.

    Un rostro vaciado de miradas, cuencas agusanadas con lirios muertos. El panorama desolador de la selva hoy yerma y sus ríos secos.

    Todo se diluye en la nieve postrera; en el ciclo lunar rojizo y denso. El orden de las cosas es imperturbable, sujeto a la luna y las mareas.

    Nocturno del que nada recuerda; nocturno de corales y arrecifes; nocturno mar de vastedad y estelas invisibles. Nocturno de la ola, nocturno de la isla a mar abierto. Nocturno mar de mal amar de mar, ahoga el nocturnal en la poza nocturna. (Y eleva a Villaurrutia un homenaje).

    En los bordes del agua y desde el más alto acantilado, la noche…

    La noche: ese lugar común que todo nubla…

    La noche, ese invisible piercing, ‘Samba en preludio’, el poema de Vinicius, un acorde de Jobim, tamborines y cuicas. Noche invisible.

    Sobre el atril la partitura. Sobre el respaldo de la silla el mandil negro. En su estuche, el bandoneón aguarda. Hoy tiene un recital.
    Se apagan las luces de la ciudad… Perdámonos en la noche.

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