Capital Oaxaca
UnidadInvestigación
| | |

Nubes condensadas

Crédito:
Los muros se destruyen con educación, y a veces, también, con la cabeza en las nubes
11 de Octubre 2016
|

Los asentamientos humanos en la periferia de la capital peruana han sufrido los muy diversos golpes que la marginación les ha atestado: a pesar de que los recursos están ahí, frente a sus ojos, les son casi inalcanzables. El gobierno de la ciudad de Lima ha tenido muchos más asuntos que atender primero, y ha dejado de lado el mantenimiento de la infraestructura a la que los ciudadanos de los alrededores deberían de tener acceso. Las mismas condiciones geográficas y climatológicas del lugar los vuelven invisibles: a lo largo del año, los rodea un velo neblinoso y parecen desaparecer por completo a los ojos de todos los demás.

La gente que vive en los últimos barrios del territorio capitalino del Perú conoce desde siempre el desabastecimiento de recursos, lo deplorable del sistema eléctrico que usan en la cotidianeidad, y lo lejos que les quedan todos los servicios que sí existen en las faldas del cerro. Es raro que los niños de estas zonas alcancen un grado de educación superior, pero tienen el consuelo impuesto de poder trabajar la tierra ―que conocen tan bien, que no los desconoce, y que los logra ver a pesar de la barrera de niebla que recubre sus colonias.

Sin embargo, después de catorce años de estudio, Abel Cruz Gutiérrez propuso una solución a la precariedad de los servicios hidráulicos en estas comunidades. No tuvo que sensibilizarse a la condición de estas personas: la vivió en carne propia, siendo originario de la región, con conocimiento de causa y de espacio, y con un compromiso genuino para mejorar la calidad de vida de las colonias que lo vieron crecer. Llegó a la ciudad desde Cuzco, se hizo ingeniero ambiental y se volvió a las comunidades rezagadas con soluciones factibles y alcanzables en términos de los recursos disponibles en la zona: con la mente en las nubes.

No se trata de una ironía: Abel Cruz Gutiérrez entendió que las nubes están hechas de agua ―como cualquiera que tenga una noción mínima del ciclo del agua―, y que se puede cintervenir en su proceso de condensación para acelerarlo, y así, crear un nicho de desarrollo sustentable y una solución viable para el problema de abastecimiento que las comunidades periféricas sufren todos los días. Su propuesta fue muy simple: extender en los puntos máximos de los cerros mallas de plástico contra las cuales chocaran las nubes. Una vez que pudieran atraparse, se canalizarían en forma líquida, y con ayuda de la fuerza de gravedad. Aquello que pudiese recolectarse, iría a un tanque, asimismo conectado a una red de suministro, que abastece ya los sistemas de irrigación de la zona y las tuberías particulares de cada domicilio.

La idea resultó innovadora y plausible para la implementación: además de tener un costo bajísimo, no interviene con el paisaje, y sobretodo, abastece a 500 familias con la cantidad necesaria de agua para su uso cotidiano. Es entonces como las nubes no resultan más una barrera social entre la infraestructura pública y las comunidades marginadas. Solamente hizo falta un observador atento y sensible a los intereses de sus semejantes ―con un grado académico que le permitió llevar lo abstracto a lo concreto. Abel Cruz Gutiérrez es prueba de que los muros se destruyen con educación, y a veces, también, con la cabeza en las nubes ―en las nubes condensadas.

Encuentra más notas sobre

Más de Opinión