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No al acoso contra las mujeres, sí a una vida libre de violencia

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El transporte público se ha convertido en uno de los lugares más peligrosos para las mujeres
18 de Mayo 2016
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El transporte público se ha convertido en uno de los lugares más peligrosos para las mujeres, para dimensionar la problemática, basta mencionar que en la Ciudad de México el 65% de las usuarias, han manifestado haber sido víctimas de acoso, agresiones físicas y psicológicas.

Este panorama deja de manifiesto que todos los días, decenas de personas, son objeto de piropos obscenos, comentarios sexuales, miradas lascivas y contacto intencionados con alguna parte de su cuerpo -en contra de su voluntad-. Existe consenso entre los especialistas de que estas actitudes pueden producir baja autoestima y poco rendimiento laboral e incluso puede derivar en deserción escolar y renuncias laborales por temor a ser nuevamente trasgredidas.

Existen diversas áreas de oportunidad para superar estas violaciones, entre ellas, destaca agilizar e incentivar los procesos de denuncias en las instituciones de procuración y administración de justicia, sobre todo, en hacer más eficientes los procesos judiciales, debido a que éstos son lentos, engorrosos y a decir de las victimas hasta excluyentes.

Apremia fortalecer, ampliar y en muchos de los casos, instrumentar diversas acciones con el objeto de identificar, prevenir, sancionar y erradicar la violencia en contra de las mujeres, con énfasis en el transporte público -debido al aumento alarmante en las últimas semanas-.

Atender a las víctimas de manera rápida y eficaz, debe constituirse como una tarea prioritaria para los gobiernos de las entidades federativas y municipios del país, ya que es indispensable que ante estas conductas, existan protocolos precisos de actualización que aseguren la salvaguarda de la integridad física, la atención psicológica y asesoría jurídica en todo el proceso contemplado en nuestro marco jurídico positivo.

Restringir el derecho de las mujeres a trasladarse libremente y sin temor, constituye un fracaso para una sociedad que acusa ser de avanzada, democrática e igualitaria.

Existen varias recomendaciones por parte de las autoridades para sancionar a los agresores en el transporte público, entre ellas: accionar la palanca de seguridad, solicitar apoyo a personal de seguridad en escaleras pasillos y torniquetes, o bien, pedir asesoría jurídica en los módulos de atención, además de requerir al conductor auxilio para solicitar la presencia de las autoridades y detener al culpable.

No estoy convencido de que las políticas basadas en la segregación, separación y exclusión por sexo, sea la solución; debido a que no resuelven el fondo de la problemática. En consecuencia, los gobiernos locales deben hacer un esfuerzo por asegurar y mantener una infraestructura segura y programas o campañas de información que fomenten el trato respetuoso.

Gobierno y sociedad, tenemos mucho que hacer para formular programas, políticas públicas y líneas de trabajo con objetivos precisos de corto, mediano y largo plazo que contemplen marcos normativos sancionatorios, esquemas de educación, capacitación y asistencia a personas que sean objeto de agresión.

Alzar la voz ante este escenario, marcado por la vulnerabilidad e incapacidad institucional, es el primer paso para garantizar el derecho las mujeres de vivir en una vida libre de violencia, erradicar la discriminación de cualquier tipo y prevenir las vejaciones en cualquiera de sus manifestaciones.

Insisto, hay que poner énfasis en la denuncia, ya que de los 25 mil casos de acoso sexual sólo el 40% son conocidos por las autoridades correspondientes, desde luego, ellas también deberán incursionar en procesos de mejora en la atención, los tiempos de respuesta y los procesos sancionatorios. Reitero, es tarea de todos, hacer del transporte público uno limpio, seguro y de vanguardia, en el que se garanticen el pleno respeto y disfrute de los derechos humanos.

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