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  • México ante EU de Trump: ¿aún no saben que no saben?

  • Carlos Ramírez

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  • Si en verdad detrás de Donald Trump hay una revolución conservadora del mismo alcance –o mayor– que la de Ronald Reagan (1981-1988), entonces el Gobierno mexicano y los mexicanos debería dejar de quejarse y responder con memes y elaborar ante Washington una nueva estrategia de seguridad nacional y su correlativo nuevo consenso nacional interno.

    El error nacional –no sólo del Gobierno mexicano sino de sus élites hillaristas convertidas en la primera generación de chicanos nacidos en México– fue suponer la honestidad de Hillary Clinton al buscar con más maña que sinceridad el apoyo hispano y esperar una relativa generosidad si llegaba a la Casa Blanca. México olvidó bien pronto que el primer muro fronterizo en el lado oeste de la frontera fue construido por Bill Clinton en 1994 y que Hillary como secretaria de Estado de Obama fue corresponsable de la deportación de casi tres millones de hispanos.

    Ni Hillary iba a cumplir sus melosas promesas disfrazadas de pedir unos tacos sólo para un video de campaña pero no comérselos, ni Trump va a poder cumplir con sus amenazas porque México será su aliado en la adversidad terrorista. Pero ello no justifica el descuido de confiar en la Virgen de Guadalupe para que ilumine a Trump y lo haga desistir de sus amenazas. Trump es el eje de una revolución conservadora ideada, como con Reagan, por la poderosa Fundación Heritage.

    Lo único que puede salvar a México de los coletazos estadounidenses sería la asunción de una iniciativa interna de salvación nacional:

    1.- Construcción de un consenso nacional plural frente a Estados Unidos, con programas políticos, de desarrollo y de migración: gobierno, poderes, estrategias de desarrollo y partidos.

    2.- Definición de una política de intereses nacionales que sea la esencia de ese nuevo consenso nacional. La resistencia antiimperialista funcionó hasta que la destruyó, sin nada a cambio, el tratado de comercio libre impuesto por Carlos Salinas de Gortari.

    3.- Un gabinete de consenso nacional que comience por una Secretaría de Relaciones Exteriores funcional a una nueva negociación firme con el gobierno de Trump. De nueva cuenta se necesita un canciller formado en las doctrinas de seguridad nacional. Y con ello, un gabinete de política exterior y una oficina de seguridad nacional no policiaca sino geoestratégica como la que instaló Henry Kissinger en 1969 en la Casa Blanca.

    4.- Transformación de la Presidencia de la República de una instancia personal y partidista en, de nueva cuenta, un factor de consenso nacional. El legado del presidente Peña Nieto no estará en las reformas estructurales sino en la definición de una nueva relación nacional con la Casa Blanca de Trump.

    5.- Abandonar el tono quejumbroso de reacción a la victoria de Trump y dejar a un lado la diplomacia de los memes para tomar la iniciativa política en el corto plazo y antes de que Trump tome posesión del cargo el viernes 20 de enero.

    El primer paso sería que el encuentro de Peña Nieto con Trump antes de esa fecha sea ya con un mandato del nuevo consenso nacional, dejando ver que se aprendió del error de invitar a Trump sin estrategia.

    Por primera vez desde la guerra con EU de 1846-1848 México se enfrenta a un desafío de seguridad nacional con Trump. Y los Santa Anna de entonces revivieron en los hillaristas derrotados de hoy.

    Política para dummies: La política es el arte de entender la realidad, no de construir una realidad irreal a modo.

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