Capital Oaxaca
UnidadInvestigación
| | |

Lo que nos conmueve

Crédito:
Estamos hartos de vivir en medio de tanta corrupción
03 de Junio 2016
|

Quien pretenda llamar nuestra atención, deberá conmovernos. Así de llano y simple: ésta es la sentencia del milenio. Si alguien quiere que apartemos nuestra mente de lo que nos ocupa, deberá tocar nuestras fibras más sensibles. En esta condición, la pregunta obligada es ¿qué nos conmueve? Partidos políticos, publicistas, mercadólogos, expertos en imagen y aquellos que pretenden el tesoro de nuestro interés, buscan incesantemente la llave.

Algunos trabajan sin descansar para estremecer nuestra curiosidad y llegar a que el corazón reaccione y el alma se nos inquiete. Sin duda, las intenciones son variadas, oscilan entre la perseverancia por hacernos entender algo y la perversidad de convencernos de que ciertas cosas nos convienen, aunque en realidad sea todo lo contrario. En ese afán, andan ocupados, tratando de sacarnos de ese estado perenne de distracción.

Por esta razón vemos como tantos provocadores están teniendo éxito. Rascan un poco el prurito de la emoción y la fórmula les reditúa una cantidad enorme de simpatizantes. Se busca exacerbar las expresiones psicofisiológicas, biológicas y los estados mentales. Se juega con los anhelos que se muestran como la manzana jugosa que todos estamos dispuestos a morder. Caemos en las redes provocadoras cuando nos asustan, nos hacen enojar, nos matan de risa o nos enseñan a odiar. Lo malo es que no nos invitan a pensar. ¿Para qué?, dirán, es mejor tener tranquilo el avispero.

La condición es propicia porque la gente se siente muy cansada. Estamos hartos de vivir en medio de tanta corrupción. Nos enfadamos al enterarnos un día sí y el otro también de que determinado político robo, se apropió de algo en forma indebida, traspasó los topes de campaña, sus familiares hicieron de las suyas o de que viven en condiciones millonarias a costa del erario mientras sigue habiendo gente que padece pobreza alimentaria.

Llegan los oportunistas, con ritmos pegajosos y discursos flamígeros. Hablan de castigos ejemplares para los malvados.      Prometen soluciones a los problemas endémicos que nos aquejan. Nos muestran las manos para hacernos creer que las tienen limpias. Nos asustan con lo que el de enfrente puede hacer y nos advierten de los peligros de optar por los otros.

En ningún caso nos explican cómo piensan arreglar las cosas, cuánto van a costar las soluciones que proponen y los más cínicos, los que ya tuvieron sus oportunidades y en su momento no las aprovecharon, nos juran que ésta es la buena y que ahora sí lo van a lograr.

Lo lógico es que nos muriéramos de risa, que no les creyéramos nada, les hiciéramos una trompetilla y les dijéramos en su cara que esas eran puras patrañas. No obstante, en el tablero de control se encienden luces de alarma. En las calles veo a gente tarareando las melodías de algunas campañas o a personas que se mueren de gusto porque alguien se atrevió a decirles, entre majaderías y vulgaridades, que ya les va a hacer justicia la vida, ¿será posible que les vayamos a creer?

Lo que nos conmueve, lo que nos deja el sentimiento a flor de piel, no debe nublar nuestra inteligencia ni anular el discernimiento. Andamos tan distraídos que si algo nos toca las fibras, nos lo tragamos. No hay fórmulas mágicas, nadie tiene una varita que al agitarla cambie todo en forma instantánea. Y si existiera ese caldero maravilloso del que sale esa poción que todo lo resuelve, ¿por qué no la han usado antes?

Entiendo que las intenciones son variadas y oscilan entre la perseverancia por hacernos entender algo y la perversidad de convencernos de que ciertas cosas nos convienen. Por eso, antes de dejarnos conmover y regalar nuestro voto, sería muy conveniente pasar todas esas promesas por la criba del análisis. El que pase la prueba será el merecedor de nuestra preferencia.

 

Encuentra más notas sobre

Más de Opinión