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Lo que el dinero no puede comprar

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Su hermano solo la escuchaba con una ligera sonrisa en el rostro
02 de Julio 2016
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El miércoles antes del día del padre, recorrí algunas tiendas en busca del regalo para el mío, pero no encontraba nada que me pareciera adecuado, di vueltas y vueltas hasta que por fin entré a una tienda donde me pareció que hallaría lo que buscaba, eran aproximadamente las seis de la tarde y mucha gente intentaba  comprar un obsequio; había de todo, camisas, cinturones, playeras, pantalones, lociones, entre muchos otros artículos más para el hombre de la casa, todos miraban los aparadores indecisos tanto como yo.

 

Me detuve en un área de la tienda donde había poca gente, junto a mí, un par de jóvenes discutían sobre cuál sería el mejor obsequio; la chica tomo una camisa color rosa y le dijo a su acompañante, quien después me di cuenta era su hermano, mira ésta es perfecta para papá, está padrisima y a muy buen precio. ¿Cómo crees que le vamos a comprar algo tan barato?, ni siquiera es de buena marca, contestó el chico; ella lo miró y con coraje le respondió, pues no sé tú, pero a mí no se me hace tan poca cosa, además no traigo tanto dinero; si se te da la gana cómprale algo distinto, yo me llevo esta camisa.

 

Inmediatamente, el joven le replicó en tono irónico, pues nunca traes dinero, con eso de que no tienes trabajo, siempre andas de pobre; la chica no pudo contener su enojo, volteó a ver a su hermano y casi en un grito le dijo ¿y a ti qué te importa si tengo o no trabajo, tú no me mantienes, o sí?, además, siempre has querido ser el centro de atención, cada vez que salimos quieres ir a lugares caros, comprar cosas de marca y dárselas a nuestros padres, como si todo se comprara con dinero; en ese momento noté que algunas otras personas también estaban atentas a la discusión.

 

Su hermano solo la escuchaba con una ligera sonrisa en el rostro daba la impresión de que no le importaban sus palabras; pues para eso trabajo, para darme algunos lujos y compartirlos con mi familia, si no te gusta ¿entonces por qué siempre vas con nosotros y bien que te comes todo cuando yo los invito?, contestó el joven que seguía viendo ropa en los aparadores.

 

Yo seguía en lo mío, pero era inevitable no escuchar su conversación, además en esa zona de la tienda estaban las camisas perfectas para mi padre, debo reconocer que había gran variedad de marcas y colores, de los precios mejor ni hablamos, pero lo importante no era el costo, ni la marca, sino llevar un detalle para ese hombre que en casa, junto a mi madre, fue mi primer guía en la vida; mientras seguía buscando, el chico encontró un suéter negro que, según él, estaba a la altura de los gustos de su padre.

 

La joven trataba de no llorar frente a todos, pero en su rostro se notaba que tenía muchas ganas de hacerlo, pero solo respiraba y miraba a su hermano de reojo; él sin mirarla volvió a hablar, bueno como dices que no te gusta que yo sea tan ostentoso, el domingo que vayamos a comer, tú pagas la mitad y yo la otra mitad, bueno si es que quieres ir, con eso de que te pones muy digna, piénsalo y decide.

 

Ya deja de hablarme así Ramón o le voy a decir a mi papá para que te ponga en tu lugar, ya basta, me estás insultando, dijo ella evidentemente enojada; claro ve y dile, con eso de que a tus 31 años aún vives en casa de mis padres, no me extrañaría que fueras a quejarte como una niña chiquita, mejor ya ponte a hacer algo de tu vida, búscate un trabajo, un novio y arréglate, no sé cómo puedes salir así a la calle.

 

En ese momento me di cuenta que a la mujer se le había terminado la paciencia, le puso una buena cachetada a su hermano, tomó su camisa y se alejó directamente a la caja, pagó y abandonó la tienda; el joven con toda la vergüenza del mundo por lo que acababa de ocurrir, dejó lo que estaba viendo, agachó la cabeza tratando de pasar desapercibido y salió por la gran puerta de vidrio que se abrió delante de él.

 

Por fin encontré un buen regalo, me sentí bien de saber que en mi caso, el afecto por mi progenitor no se mide por el precio o la marca, salí de la tienda con una sonrisa en el rostro y continué mi camino.

 

Espero que todos los padres que lean esta columna, hayan pasado un excelente día, no importa si recibieron o no un regalo, lo mejor siempre será estar en familia, rodeados de amor, buena vibra, abrazos y esas cosas que el dinero no pueden comprar; mis mejores deseos para todos.

 

Nos leemos la próxima, recuerden que siempre hay una historia distinta que contar; me despido desde la Capital Azteca. ¿Quieres que cuente tu historia? Escríbeme a mi correo electrónico.

 

El autor es reportero, cronista, escritor, especialista en lucha libre y aficionado al futbol. elbone089@gmail.com

 

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