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Este no es un mensaje de esperanza, es una despedida

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En la naturaleza todo, todo, tiene un función, que equilibra el compás de la naturaleza
29 de Marzo 2016
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Todos tenemos claro el poder de la madre naturaleza, su fuerza es capaz de arrasar cualquier avance del hombre, despojarnos de nuestros hogares o nuestra vida. Con tormentas, huracanes, inundaciones o sequías estamos a merced de su poderío; pero hay una cosa que siempre olvidamos o damos por sentado, y es, que a pesar de su lozanía la estamos dejando frágil, débil, y bueno… prácticamente muerta.

En la naturaleza todo, absolutamente todo, tiene un función; cada especie, cada flor, árbol, planta o arbusto equilibra el compás con que se mueve la naturaleza, sin embargo, en estos siglos de civilización hemos querido dominar todo lo que encontramos a nuestro paso y probablemente es lo que nos lleve al final.

Por décadas nos han advertido del daño que estamos causando al planeta, al único lugar, hasta donde sabemos, capaz de albergar vida. Aparentemente lo único que nos importa es seguir comprando, tener una casa, un auto, joyas, ropa, zapatos, aparatos, sin preocuparnos por nada. Tal vez en algún punto de nuestras vidas nos daremos cuenta que nada de eso importa cuando te falta aire en los pulmones, cuando lo único que ves sea un horizonte con una niebla densa por el esmog y seas incapaz de besar o sonreír por traer puesta una mascarilla con oxígeno, sólo para que puedas seguir viviendo en un mundo donde ya no hay pájaros que canten, ríos que corran y el color verde se quede reservado únicamente para las fotografías de las praderas en los museos del futuro. Podría darte risa, podría importarte poco, pero en el fondo sabes que estamos a dos pasos de un porvenir sombrío.

Algo tan sencillo como la extinción de las abejas podría llevarnos a la hambruna, la escasez y la muerte. Por que podemos quitarle todo a la naturaleza, dominarla lo que queramos, podremos moldearla a nuestras inacabables necesidades pero el ciclo de la vida es lo que nos ha mantenido durante millones de años y sin él estamos perdidos. Si las abejas mueren, no habrá quién polinice a las plantas para que se reproduzcan y nazcan más, al no haber plantas no habrá alimentos para los animales, y al no haber animales ni plantas moriremos de hambre lentamente y acabaremos con nosotros mismos.

Una cosa debe quedar clara, la naturaleza no nos necesita pero nosotros sí la necesitamos, ella podrá desfallecer pero resurgirá, porque ante la adversidad encuentra la forma de seguir adelante. Tal vez queden unos cuantos de nosotros que hablarán sobre los días en que la raza humana se paseaba por la tierra pensando que era dueño de todo lo que le rodeaba pero para ese entonces espero que hayamos aprendido la lección

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