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  • Cecilia Durán Mena
  • El tercer mensaje de Fátima

  • Muchos creen que la tercera profecía de Fátima se cumplió el 11 de mayo de 1981

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  • Dicen que la tercera profecía de Fátima se cumplió el 13 de mayo de 1981. Era tal la catástrofe que vaticinaba, que se guardó el secreto con extremo sigilo. Había un halo de silencio que impedía hablar de él. Sólo unos cuantos lo conocían: la pequeña pastorcita a la que se lo confió la Virgen, el Santo Padre en turno y tal vez algunos pocos personajes más. Casi nadie tuvo acceso a la predicción de la Virgen. Especulaciones había muchas. Los hechos siguieron su curso.

    La conspiración se planeó con mucho tiempo de adelanto. Protegido por nombres simulados y personalidades inventadas, Mohamed Alí Agka empezó a recorrer los territorios del Mediterráneo. Cambió varias veces de identidad, moviéndose con una serie de pasaportes falsos hasta que tomó un tren en Milán que lo llevó a Roma, justo un día antes de la audiencia papal. El plan era abrir fuego contra el Papa en la Plaza de San Pedro y aprovecharse de la confusión para colocar una bomba que les diera el salvoconducto para escapar y refugiarse en la embajada Búlgara. Agka dispararía y su cómplice Oral Celik colocaría la bomba.

    Juan Pablo II, en su típica sotana blanca, iba haciendo el recorrido en el papamóvil por el atrio de la Basílica de San Pedro cuando, de entre la multitud se escucharon varias detonaciones. Eran los disparos de una browning semiautomática. Dieron en el blanco. El Santo Padre se dobló sobre sí mismo. Las balas se le alojaron en el cuerpo. Sin embargo, no recibió todos los impactos que Agka tenía planeados. Una monja se le echó encima e impidió que siguiera disparando y que huyera entre la gente, como estaba planeado. Celik huyó sin hacer estallar la bomba.

    En el trayecto, de forma inexplicable, la bala evitó tanto la aorta abdominal como la arteria mesentérica, por eso Juan Pablo II no cayó muerto de inmediato. Pero hubo gran afectación: perforación intestinal y pérdida de tres cuartas partes del volumen sanguíneo. Cuentan que el Papa siempre estuvo consciente de lo que estaba sucediendo, hasta que lo sedaron para entrar al quirófano. Los que lo acompañaron atestiguan que el Papa siempre tuvo la certeza de que iba a sobrevivir.

    Pasaron los años, Juan Pablo II fue a la prisión Rebibbia de Roma a visitar a su agresor. Agka, un asesino experimentado, le preguntó al Sumo Pontífice, cómo había conseguido sobrevivir. El Papa le confío que desde que supo el secreto de la tercera profecía, que decía que un obispo de blanco sería atacado, se confió a la protección de la Virgen de Fátima.

    En el lugar del tiroteo, hay una discreta losa de mármol con el escudo papal y la fecha del atentado inscrita en números romanos. Después del ataque, Juan Pablo II pidió a la gente: rezar por mi hermano Agka, a quien he perdonado sinceramente; fue a visitarlo a la prisión y al final de su encuentro, Agka besó el anillo papal. No sólo eso, Su Santidad pidió el indulto de la pena de cadena perpetua para su atacante, recibió a la madre y a la hermana del terrorista en el Vaticano.

    Agka había dicho que el Papa encarnaba todo lo capitalista y por ello formó parte de la conspiración para matarlo. Mohamed Alí Agka fue liberado y vuelto a encarcelar en Turquía por otros delitos. Desde la cárcel de Estambul, declaró que rezaba por el Santo Padre y declaró estar de luto al conocer de su muerte.

    Puede ser que el atentado sufrido por el Papa Juan Pablo II, aquel 13 de mayo haya sido un complot en el que la KGB, el servicio secreto búlgaro, cómplices italianos y gente dentro del Vaticano hayan estado implicados. Puede ser que haya sido un aviso hecho por la Virgen de Fátima a principios del siglo XX. O, tal vez, hayan sido las dos cosas. Muchos creen que la tercera profecía de Fátima se cumplió el 11 de mayo de 1981.

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