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  • El sonido Mores y una medalla

  • Sus espectáculos fueran más propios del teatro y de la televisión que del cabaret… Ese sonido lo trajo a México en muchas ocasiones… En alguna parte del universo, los tangueros, tarde o temprano, se encuentran y el sonido Mores enmarca el momento

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  • Quienes oyeron cantar a Gardel, aseguran que con el inequívoco prodigio de su voz, llenaba el escenario. Lo mismo puede decirse de Mariano Mores. Quienes le vieron sentarse frente al piano, aseguran que ese sencillo acto bastaba para llenar el escenario. Luego venía la fiesta con toda la orquesta y sus cantores y aquello se transformaba en la apoteosis musical.
    Nacido como Mario Alberto Martínez en 1918, Mariano Mores provenía de una familia encandilada por la música y el baile. Fue la reiterada indicación de uno de sus abuelos la que llevó a Mores a convertirse en músico, actor y productor de espectáculos donde el tango y en no pocas ocasiones el folclore se engarzaban en la montura sin par de su piano para producir sesiones inolvidables en teatros, cabarets y estudios de televisión.

    La música creada por Mores, siempre rodeado de grandes orquestas una vez que inició su propia andadura enmarcó lo que a manera de convención puede llamarse tango sinfónico, aunque quizás decir que creó el sonido Mores sea más exacto; de ahí que sus espectáculos fueran más propios del teatro y de la televisión que del cabaret, al que por supuesto no despreciaba.
    Supo además contar historias, con su música a partir de las letras elaboradas por los grandes poetas del tango. Con José María Contursi creó “En esta tarde gris” y “Grisel”; con Enrique Santos Discépolo, el poeta social del tango, presentó “Uno”, “Sin Palabras” y “Cafetín de Buenos Aires”; su “Taquito Militar” con letra de Dante Gilardoni se convirtió, junto a “Uno”; en los temas más emblemáticos de Mores y sus formaciones musicales, junto a “Tanguera”, “Cristal”, “El patio de la morocha”, “El firulete” o “Cuartito Azul”, tango del que Mores le señaló Marina Gambier para la nación; “Quería ser un compositor de tango diferente a los demás. Con esa idea concebí Cuartito azul, que es muy romántico y afrancesado. Encontré el Mariano Mores que quería para mi futuro, con más romanticismo que carga dramática”.

    La historia venía de más lejos. Al segundo intento dominó la técnica del solfeo; oyó la voz de Gardel en discos, dominó de corrida la lectura del pentagrama y construyó, luego de pasar por diversas orquestas –una de ellas la de Francisco Canaro— el sonido Mores.

    Ese sonido lo trajo a México en muchas ocasiones. El 7 de agosto de 1972 se presentó en “La posada de Leo”. Esa noche sería inolvidable para Jorge Sareli, un descendiente de libaneses nacido en Minatitlán, al sur de Veracruz hacia 1920 y que respondía a la nomenclatura cívica de Jorge Jacobo Kufic.

    Apasionado del tango, Sareli trabajó en radio y cine, siguiendo, dicen, el estilo de Gardel. La noche del siete de agosto de 1972, rememora Sareli en su “El tango en México”, “La posada de Leo”, a través de su dueño Luis Medina, le rindió un homenaje por sus veinticinco años como cantor. Una pléyade de artistas fue convocada al evento. Entre ellos, Mariano Mores, su hijo Nito y su orquesta. Al filo de las dos de la mañana el espectáculo de los Mores dio inicio. A la mitad del mismo, Mores entregó a Sareli un pergamino y propuso la entrega posterior de una medalla que se llevó a cabo en el restaurante Cardini Internacional tiempo después. No todos los días un mexicano de la guardia vieja de la radio y la televisión cumplía veinticinco años divulgando el tango con su personalísimo estilo.

    La entrega de la presea, recordaría Sareli en su libro, se llevó a cabo con el fondo musical de un tango. Luego, Mores invitó a cantar al laureado.

    “Jamás en mi vida había cantado acompañado de un marco musical extraordinario, como es la formidable orquesta de Marianito Mores” dice Sareli; “interpreté ‘Caminito’ y ‘Cuesta abajo’; el público me aplaudió insospechadamente…”.

    En alguna parte del vasto universo de la música, Mores ha sido recibido por Sareli. En alguna parte del universo, los tangueros, tarde o temprano, se encuentran y el sonido Mores enmarca el momento pues al final, “Uno busca lleno de esperanzas/el camino que los sueños/prometieron a sus ansias”. Como Mores, como Sareli… Personajes epónimos de un tiempo que no volverá.

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