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  • El pueblo manda

  • Estamos viviendo tiempos muy curiosos que nos llevan a una serie de reflexiones y de contrastes nuevos y definitivos.

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  • La mesa estaba puesta en Colombia y los invitados desde el Secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, hasta diferentes artistas e intelectuales apoyaban la misma idea, y es que, sin duda, era el tiempo de la paz.

    El banquete para la reconciliación estaba servido y casi casi como una boda del Estado colombiano consigo mismo, todo estaba listo para empezar una nueva era.

    Sin embargo, no es que se suspendiera la boda, no es que se ausentara la novia o el novio, sino que de pronto contra todo pronóstico cuando el padre preguntó: “si alguien tiene alguna razón para oponerse a este matrimonio, que hable ahora o calle para siempre”, se encontró con la sorpresa de que más de la mitad del pueblo colombiano se opuso y dijo “no” a los Acuerdos de Paz con las FARC.

    El motivo es muy importante, ¿a quién beneficia y a quién perjudica? Porque desconozco si es verdad que el único problema del expresidente Álvaro Uribe con este acuerdo es que él no lo hizo, pero lo que sí sé es que a partir de este momento la apresurada y –en mi opinión– valerosa declaración de Juan Manuel Santos en las horas inmediatas al resultado del plebiscito, en la que aseguró que seguirá buscando la paz; es un elemento decisivo para poder continuar con el proceso.

    Pero lo que considero más importante es que hemos entrado en una situación en la que los pueblos no sólo son impredecibles, sino que también cuentan más que nunca.

    En una ocasión uno de los intelectuales más importantes de habla hispana me explicó que todo el milagro de Donald Trump es muy sencillo de entender, porque el candidato republicano se dirigió en toda su campaña a un sector de la población que se había mantenido en el olvido.

    Y es que, una cosa es dirigirte a los que lo han perdido todo o a los oprimidos, y otra muy diferente es ponerles un micrófono en forma de Twitter para conformar el coro de la frustración y poder decir: ¡hasta aquí llegó nuestro límite!

    Estamos viviendo tiempos muy curiosos que nos llevan a una serie de reflexiones y de contrastes nuevos y definitivos. Y es que, la paz que se consolida para los pueblos puede ser rechazada por los mismos pueblos, mientras se van derrumbando uno tras otro los elementos que conformaban la teoría política con la que nos habíamos regido hasta este momento.

    Ahora no contamos con nuevas soluciones, pero hay algo que ha quedado muy claro y eso es que los pueblos nunca se equivocan, y aunque suceda lo contrario éste es un tiempo en el que la voz del pueblo rompe cualquier sinfonía, cualquier partitura y cualquier previsión histórica de lo que puede llegar a suceder.

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