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  • El faro y la tormenta

  • Cartas, poemas, aforismos, pólvora que estalla en nuestras manos.- Rubalcaba ha escrito un libro tan imperecedero como su eje: Beetoveen.

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  • Fueron los padres de Rubalcaba –la pianista Carmela Castillo y el violinista Higinio Rubalcaba— quienes iniciaron al autor en el gusto por la música de Beethoven. Tras 63 años de escucharlo, Rubalcaba tiene mucho que decir del autor nacido en Bonn en diciembre de 1770 y lo ha hecho a través de 108 páginas por las cuales transitan poemas, aforismos, ensayos que aúnan a su belleza la brevedad; también transita alguna ficción que retrata fielmente una época, un acto de admiración, una amistad, una música; un consejo para nuevos escritores, un consuelo para el sentenciado; todo teniendo como eje a Beethoven, un autor capaz de crear sonoridades perfectas, brillantes, llenas de cuerdas y metales y de esa extraña forma de paz perdida y recuperada que puede ser el “Claro de luna”.

    ¿Por qué Beethoven como eje de un libro e incluso de una vida? Quizá porque Beethoven representa mejor que ningún otro autor a la naturaleza y a su fuerza; porque frente a la “Pastoral” –Sexta sinfonía de Beethoven— el campo y la naturaleza adquieren matices que nos devuelven a momentos que no sabíamos podían vivirse; porque la Quinta sinfonía ofrece cuatro o quizás cinco compases introductorios que hacen la vez de epígrafe de la obra en su conjunto para instalarnos de una vez y para siempre en su sonoridad; porque el Concierto para violín Opus 61 en re mayor –única obra beethoveniana para tal instrumento— crece, crece, crece en fuerza y belleza conforme la partitura avanza; o porque la Sonata para violín número 9 (Kreutzer) es un momento monumental en el legado de Beethoven al grado que inspira a León Tolstoi para crear su propia “Sonata a Kreutzer” o porque la Novena sinfonía sigue extasiando a la humanidad más allá de credos, fe y ateísmo.

    Eusebio Rubalcaba ha creado en “Pensemos a Beethoven”, un retablo tallado con precisión de artista; sin falla alguna, con la dosis exacta de madera, barniz y pintura para sobrevivir al paso de los años. Exactamente del mismo modo en que Beethoven ha persistido, faro incólume ante las propias tormentas del genio a lo largo de los años, “…pólvora que estalla el cañón en nuestras manos”, creando vida, como vida tiene la música de Beethoven en las páginas escritas por Rubalcaba. (Eusebio Rubalcaba, Pensemos en Beethoven, Conaculta y Ediciones Monte Carmelo, México, 2015, 108 pp.).

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