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  • Cecilia Durán Mena
  • Dónde está México

  • Que no se nos olvide, aquí está México. ¡Qué Viva!

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  • Dónde andará México que parece que lo traemos un poco extraviado. Dicen por ahí que el bosque no deja ver los árboles y, entre los grandes acontecimientos, los visitantes incómodos, las variables macro y microeconómicas, el tipo de cambio, el precio del barril de petróleo, los actos de corrupción, el crimen organizado, políticos inéptos y tantas sombras que andan vagando por ahí no nos dejan ver la maravilla que es esta nación que se pinta de colores, como los grandes amores, que tiene jardines de matatena y campanitas de oro que dejan pasar.

    Pero, la verdad es que tenemos tantas señas para descubrirlo. México está entre las notas que escribió Manuel M. Ponce, en los huapangos como los de Moncayo, en las canciones de Juan Gabriel y en los ritmos de Agustín Lara. Está en las palmeras borrachas de sol, en los farolitos y en los malecones de cada playa.

    Se espanta el calor con un abanico, mientras descansa a medio danzón en un ladrillito. También lo encontramos en los poemas de Elías Nandino, en las crónicas de Salvador Novo, en la filosofía de Vasconcelos, en los cuentos de Alfonso Reyes, en los ensayos de Torres Bodet, en las novelas de Ignacio Padilla.

    México está en Comala y en cada madre que manda a sus hijos a ir a reclamar lo suyo. Está en cada Juan Preciados que sale obediente en la búsqueda de un padre que sólo Dios sabe por qué los abandonó.

    Está en Cuévano y en los pasos de López, en las Poquianchis y en cada una de las Adelitas que no se fueron con otros y en cada uno de los soldados que no la pudieron seguir ni por tierra ni por mar. Está en esas bolas desorganizadas que salen a pelear con fusil en mano de las que nos contó Mariano Azuela. Está en los alientos de Nezahualcóyotl y en los versos de Nezahualpilli.

    México está en los rebosos y en los zarapes veteados. En el maíz que lo mismo se hace tortilla o se usa para el pozole. En el Tequila que nada más es para los valientes, en el mezcal que sirve para invocar los espíritus del Mictán. Está en la Coyoshausqui y en la Malinche, en las redondillas de Sor Juana y en las picardías traicioneras de un periquillo sarniento. Está en los gritos, que aún escuchamos, de una Llorona que sigue buscando a sus hijos.

    Está en Mitla y Monte Albán, en Santo Domingo y en Tlacochahuaya. México se enrolla en una hoja de vástago y toma la forma de tamal. O se pone tacones y falda ajustada para llamarse Silvia Pinal. Nos lanza a Acapulco para que nos acordemos de ser María Bonita, María del Alma y se levanta en un podio al escuchar el Himno Nacional porque alguno de los nuestros ganó otra medalla paralímpica.

    México se anida en los adoquines de las calles, en las ventanas que reciben serenatas, en el papel picado, en los trajes ceremoniales, en las pirámides, en los calendarios prehispánicos. En cada emprendedor que decide correr el riesgo, en cada joven que presenta un examen, en cada profesor que enseña, en cada profesionista, en cada persona que sale a trabajar. En cada mexicano que manda remesas, en cada familia que vive a la buena.

    Está en cada lápida, en cada cruz que tiene nombre, en cada fosa común y en cada hoyo clandestino al que fueron a arrojar un cuerpo que ya se cansaron de buscar. En cada familia que reza, en cada beso de amor, en cada escote pronunciado, en cada zapato de tacón dorado, en cada traje de charro, en cada carro alegórico, en cada mojiganga, en cada manifestación que busca igualdad. En cada persona de buena voluntad.

    No hay triángulo más peligroso que el que dibujamos con nuestros dedos y quiere dejar de lado la belleza, la riqueza y el valor de una nación como México. No hay extraño enemigo que la pueda extraviar si nosotros no queremos. No hay peor traidor que el que mira con anhelo al extranjero, sigue habiendo tantos Miramones y Mejías que se hincan ante Neomaximilianos y que sacan de quicio a las Carlotas. No hay peor castigo que la necedad que no le permite al mexicano sentirse orgulloso de esta Patria que nos fue entregada por hombres que vivieron y murieron para darnos libertad.

    Ni modo, esta Patria nuestra está inserta en un mundo terrenal que es imperfecto. No se trata de ser simplista y tratar de tapar el sol con un dedo. Es todo lo contrario, es elevar la voz y decir que entre tanto bosque ya no podemos ver los árboles. Hay miles de motivos para sentirnos orgullosos de ser lo que somos.

    A los que no les guste, ya sabemos. Los que sientan vergüenza, que se les vaya quitando. Los que nada más critican, que se lo guarden. Esta nación es grande, no se nos va a extraviar. Pero, que no se nos olvide, aquí está México. ¡Qué Viva!

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