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Deshonra y muertes de honor

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Qandeel Baloch recibía muchas llamadas de admiradoras
18 de Julio 2016
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Qandeel Baloch recibía muchas llamadas de admiradoras suyas: le agradecían, sobre todo, la figura fuerte e inspiradora que les resultaba ser. No cualquiera se atreve a usar blusas así de pegadas, tacones de ese estilo y escotes ligeramente pronunciados. Empezó con una cuenta en Instagram, que muy pronto alcanzó más de ciento veinte mil seguidores. Con el poder de los medios, consiguió espacios en la televisión y se hizo modelo. Sin embargo, su éxito principal siempre fue las actualizaciones de su perfil en esta red social.

Pasó el tiempo, y con cada nueva selfie, Qandeel recibía comentarios distintos. Muchas mujeres la aclamaban por la valentía que implica subir fotos con pantalones entubados, particularmente en una mujer de veintiséis años. A pesar de la gran aceptación que sus fotografías tuvieron en las redes, siempre hubo un sentimiento de resistencia por parte de algunos usuarios: no les parecía adecuado que una mujer utilizase así su cuerpo. Les parecía desagradable, sucio, aborrecible, y en esa gama fue que los comentarios de desacuerdo escalaron a insultos y amenazas de muerte. Ninguna mujer respetable en Pakistán debería de vestirse de esa manera tan ofensiva, decían.

Hay una dualidad extraña en la visión masculina de Pakistán: por un lado, la modelo recibía correos aclamándola, y su cuenta de Instagram bullía con comentarios atrevidos por su figura. Sin embargo, siempre queda la resaca de aquellos que deciden refugiarse en el conservadurismo más radical. Aquellos que no pueden concebir la idea de una mujer que no use cuellos altos. Aquellos que se escudan en la religión para hacer menos. Aquellos, en fin, que tienen ideales estrictos, y que, a fin de cuentas, tienen el respaldo de la ley paquistaní.

El deshonor es ciertamente un tema delicado en Oriente, y eso fue justamente lo que Qandeel trajo a su familia con su trabajo en las redes ―a los ojos de su hermano, por lo menos. La muchacha tenía planeado ir de visita a Multán para celebrar el Ramadan con sus padres. No contaba con que la primera noche en casa, mientras dormía, su hermano la estrangulara para limpiar el nombre de la familia de las infamias públicas que había llevado a cabo por tantísimo tiempo. Los señores Baloch denunciaron el asesinato, y a pesar de esto, su hijo no fue detenido. La ley respalda cualquier asesinato si se trata de una muerte de honor, que se refiere a un homicidio que se justifica en nombre del Islam: para limpiar, para erradicar, para cumplir todo aquello que los libros sagrados dicen ―o más bien, la interpretación que se les quiera dar.

Es así como Wassim Baloch no recibió un castigo inmediato. La muerte de su hermana hizo tanto ruido en los medios, que el gobierno paquistaní se vio forzado a encarcelarlo por algunos años. Sin embargo, la primera reacción no fue ésta: al contrario, se le quiso dar la razón, pues su acto estaba justificado por ser santo, por haber sido una muerte de honor. Habría que ver en dónde está realmente la deshonra, y quién deshonró a quién.

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