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Consecuencias de perder cara

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Lotche y Trump le están haciendo daño a sus naciones, esos personajes ya se ensuciaron y perdieron cara
09 de Septiembre 2016
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Los asiáticos tienen una manera muy peculiar de entender el honor. Para ellos, la honra es un tema de identidad que se forja a través del prestigio. A diferencia de las culturas occidentales en las que una persona construye su personalidad a partir de diversos rasgos que tienen que ver lo mismo con sus atributos físicos, intelectuales, gustos, preferencias y un sinfín de elementos, para los orientales el honor se edifica a partir de la imagen que los demás tienen de alguien. En esta condición, la honra se forja teniendo siempre en mente el actuar y cómo eso va a afectar lo que piensan los demás ya que cada individuo es visto como parte de la sociedad. La comunidad es una vasija que contiene el honor de la colectividad y la comunidad es responsable de preservarla. Es una filosofía del agrado, diferente a la concepción eurocéntrica en la que cada quien —en forma individual y no colectiva— a voluntad, elige los rasgos de su persona y se presenta como individuo, sin importar mucho si eso gusta o no a los demás.

El concepto de honorabilidad resulta un poco complicado. El cuidado de la honra no es una cuestión meramente personal, involucra la opinión de los otros y tiene un impacto en la comunidad en su conjunto. Es por ello que, para un asiático, la imagen que da de cara a las personas que lo rodean debe mantenerse impecable, libre de todo defecto en todo tiempo. Cuando alguien transgrede un límite, y con ello avergüenza a alguno, está en riesgo de perder cara y es un asunto muy delicado. Para ellos el honor es un valor de vida y quien lo pierde se afecta a sí mismo y a su colectividad.

En cambio, en occidente, el honor es un valor individual que se encuentra muy desgastado. El pillo goza de cierta indulgencia, el abusador tiene cierta popularidad y el mentiroso encuentra justificaciones. Me imagino lo que hubiera sucedido si Ryan Lotche o Donlad Trump hubieran sido ciudadanos de Oriente. Ya habrían perdido cara. Ambos salieron de sus casas, traspasaron la frontera y se acogieron a la hospitalidad de un anfitrión extranjero y en vez de observar un comportamiento adecuado y de mostrar agradecimiento, transgredieron protocolos, se portaron mal, fueron burlones, regresaron a casa y siguieron insultado. Si hubieran sido educados en las tradiciones orientales, serían despreciados por sus comunidades y habrían derramado vergüenza en sus territorios.

Sin embargo, Lotche y Trump comparten algo más que nacionalidad. Es un comportamiento abusivo que enarbola el cinismo como bandera y la traición como forma de vida. Lotche fue recibido por los brasileños con la ilusión de verlo nadar, con la admiración que se le tiene a una estrella del deporte y en correspondencia el nadador estadounidense fue a emborracharse, a destruir un inmueble, a mentir y se regresó a su casa, tan contento y tan campante como si su actuar no significara nada. Por su parte, el candidato republicano fue recibido con mayores halagos que los que merecía, se le abrieron las puertas de la residencia oficial, lo recibió el Primer Mandatario y, en vez de agradecer, se exhibió como un troglodita que ensucia todo a su paso.

El problema son las consecuencias. Lotche llegó a casa a decir que todo el escándalo de su borrachera era exagerado. Trump regresó envalentonado y más agresivo. No se dieron cuenta de que traían la cara embarrada de suciedad y la habían perdido por sus conductas. A Lotche sus patrocinadores le quitaron los apoyos y ya lo sancionaron con diez meses de suspensión. En cambio, el candidato republicano va por la vida gritando bravuconadas sin que sus correligionarios se den cuenta los perjuicios. Sin embargo, algo de la filosofía oriental se va filtrando. La honra vista como un valor colectivo que lo mismo se constituye por lo que pensamos los demás y se destruye por los actos individuales nos lleva a la reflexión. Lotche y Trump le están haciendo daño a sus naciones. Todos podemos ver que esos personajes ya se ensuciaron y perdieron cara.

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