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  • Roberto Rosendo Ríos Vargas
  • Civil War

  • Había dos personas vestidas de superhéroes que discutían

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  • Un día caminaba por la calle de Francisco I. Madero en el Centro Histórico de la CDMX, eran como las dos de la tarde, el calor era insoportable y una multitud de gente me acompañaba, iban de lado a lado, en el cruce con el Eje Central mientras el semáforo cambia, una gran cantidad de personas se prepara para cruzar la avenida, como si fuera una película de Hollywood, de esas de guerra en las que ambos bandos esperan la orden para entrar en combate.

    Mientras esperaba que el semáforo se pusiera en verde, un joven se subió a un bolardo y comenzó a gritar “Soldados, ha llegado la hora de la verdad, hoy pasarán de ser simples mortales para convertirse en héroes, el enemigo no tendrá piedad con ustedes, así que ustedes no tengan piedad con ellos”. Era un joven como de 17 años, medio gordo y vestía todo de negro, tenía una larga cabellera y mucho acné; el típico adolescente al que le encantan los videojuegos y quiere hacerse el chistoso en cualquier lugar.

    Debo reconocer que más de uno le siguió el juego, muchos se reían, otros comenzaban a hacer el ruido característico de los soldados espartanos de la película 300 “Au,Au,Au,Au”, otros simplemente lo ignoraban. “Soldados prepárense para la batalla, en cuanto el semáforo cambie iremos a la guerra”, ¡ya cállate cabrón!, se escuchó la voz de alguien entre la muchedumbre.

    De pronto el semáforo cambió, la gente comenzó a cruzar de un lado y de otro, el joven corrió junto con algunos de sus amigos con las manos en alto, simulando que comenzarían a atacar, poco a poco se fueron perdiendo entre la multitud; yo seguí mi camino, me detuve un momento a tomar agua, frente a mí había algunas personas que estaban disfrazadas de personajes de ficción, los cuales por una “cooperación voluntaria” se toman fotos con quien lo solicita; estaba Ironman, Spiderman, Thor, Hulk, una chica con disfraz de Avatar y los clásicos Buzz Lightyear y Woody. Algunos de ellos le han invertido bastante a sus disfraces con la intención de ser los más requeridos por el público.

    De pronto, unos gritos llamaron mi atención, había dos personas vestidas de superhéroes que discutían entre sí, Civil War en pleno Centro Histórico, de lujo, fue lo que pensé y me acerque un poco más para ver qué sucedía.

    El asunto por el que alegaban era porque ambos traían el mismo traje y por lo tanto no cabían en la misma esquina, cada uno quería defender su punto, pero no lograban llegar a un acuerdo; además según ellos no era posible que hubiera dos personas con el mismo traje ya que tanto uno como el otro perdían clientes, la discusión iba subiendo de tono, incluso comenzaban a hablarse muy golpeado; mientras esto pasaba, había personas esperando para tomarse una foto con ellos, pero por estar enfrascados en sus problemas no atendían a sus clientes.

    Poco a poco se fueron acercando más de estos artistas urbanos, algunos se quitaban las máscaras o la cabeza de su botarga para poder opinar, otros ni siquiera sabían cuál era el asunto, pero ahí estaban, opinando y platicando entre ellos; yo me quedé cerca para ver el espectáculo y desde mi sitio se veía muy gracioso, pues Dora la exploradora, en realidad era hombre; el musculoso Capitán América era un jovencito muy delgado; Hulk era un señor con sobrepeso y Ironman era una mujer muy guapa, que modificaba su voz cuando alguien se acercaba.

    Un niño de aproximadamente seis o siete años de edad esperaba pacientemente a que los señores dejaran de discutir para poder tomarse una foto, pero al ver que no le hacían caso optó por acercarse a Buzz Lightyear, no sin antes preguntar a sus padres qué pasaba y porqué Spiderman no se quería tomar una foto con él.

    La disputa casi llegó a los golpes, pero solo quedó en gritos y empujones, creo que hasta una mentada de madre, uno de los líderes del grupo, que estaba disfrazado de Stormtrooper habló con ellos y les hizo ver que como decía el dicho, el sol sale para todos, los invitó a que dejaran de pelear y que se fueran cada quien a una esquina, pero que ya no armaran tanto arguende, porque era pretexto para que la Delegación les quite el permiso de trabajar en esa calle.

    Así en unos cuantos minutos, el lugar se fue despejando y cada uno comenzó a entrar en su papel, se volvieron a poner las máscaras, se acomodaron los trajes y adoptaron su pose para seguir con su trabajo. Muchos niños no podían creer que habían visto la cara de algunos de sus personajes favoritos y pedían la foto con ellos. En ese momento pensé que el Stormtrooper tenía razón, el sol sale para todos, solo es cuestión de suerte.

    Después de casi ver una auténtica Civil War en las calles del centro histórico, seguí mi camino en dirección al Zócalo y me perdí entre la gente.

    Nos leemos la próxima, recuerden que siempre hay una historia distinta que contar; me despido desde la Capital Azteca.

    El autor es reportero, cronista, escritor, especialista en lucha libre y aficionado al futbol. ¿Quieres que cuente tu historia? Escríbeme a elbone089@gmail.com

     

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