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  • Botes vacíos

  • Las redes le quitan espacio a los refugiados

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    A todos los que sí ven

    Se entrevistó a tres pescadores de la isla de Lesbos por parte de la producción de Hakai Magazine, con la intención no únicamente de ver las condiciones laborales y económicas con las que se enfrentan todos los días, sino que, también, la de conocer directamente su postura acerca de la migración de los que salen huyendo de los conflictos de Oriente. Siendo Lesbos una arteria fundamental para el paso de los refugiados a Europa, todos aquellos que trabajan con y en el mar tienen un contacto inmediato ―y real― con las personas que, por lo menos, intentan alcanzar la costa.

    Costas Pinteris contribuyó a la entrevista documental, llevando a los reporteros a bordo de su lancha para grabar los lugares donde se concentraba el mayor número de refugiados ―y también, donde ocurre el mayor número de inundaciones a las embarcaciones indocumentadas. Pinteris lleva su propio bote vacío, sin sus herramientas de trabajo: las redes le quitan espacio a los refugiados que podría llevar a tierra firme. Todos los días, dice, lleva a unas cincuenta personas dentro del territorio griego, y ya perdió su trabajo por ello: la crisis y la Unión Europea no ayudan, y las cosas siguen sin cambiar.

    Imagine ver de cincuenta a sesenta personas en el agua. ¿A quién debería de rescatar primero, con este barco tan pequeño?, pregunta el pescador a la cámara. Los refugiados levantan a sus niños en el aire. Por eso muchos renunciamos a nuestros trabajos: para ayudar a los barcos de refugiados que estaban en problemas, o hundiéndose. Pero los gritos se quedan, incluso cuando me voy a dormir.

    Cuando la Unión Europea rigidiza los límites, los trabajadores del mar los hacen porosos con su propio trabajo: son sensibles a lo que el agua les entrega, y saben lo difícil que es lidiar contra las costas. Los griegos se enorgullecen de Odiseo y de los barcos que enviaron a Troya milenios atrás, y se olvidan de aquellos que todavía viven del producto de las aguas. Son más bien ellos los que sacan a relucir su calidad humana, viendo en aquellos que vienen del polvo y las bombas un ser que busca una mejor vida en otro lugar ―también, a través del trabajo.

    Parece que estamos en tiempos de guerra, puntualiza Costas Pinteris. Y sí, pero de una manera diferente: los pescadores de Lesbos se enfrentan a lo que de la guerra resultó, lo que la guerra deshizo y expulsa con el estruendo de la tierra que tiembla. No les importa que el 90% de sus ingresos se haya desvanecido. No les importa que la pesca sea escasa, por la sobreexplotación de los recursos marinos que las potencias han logrado. Ni siquiera expresan un descontento particular por el mal manejo de las deudas que su país ha tenido. Su interés central es traer lo que el mar les da a la tierra, y con eso dar oportunidad, dar espacio, dar comprensión y dar apoyo ―todo eso que las grandes organizaciones humanas no alcanzan a satisfacer, pero con lo que se galardonan a sí mismas de cualquier manera.

    Tal vez, los botes vacíos sean más útiles. Tal vez.

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