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  • Adicción al dinero público

  • El nuevo formato del Informe y las voces del quiero, quiero

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  • “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”, El Tlacuache

    Siempre me han llamado la atención los dichos populares y la sabiduría que albergan. Cada frase del dominio público da cuenta de quiénes somos y cómo pensamos. Las repetimos tan a menudo, que ni somos conscientes de lo que andamos diciendo y de lo que revelamos. Muertos de risa, nos desnudamos ante el mundo y parecemos el Emperador del cuento, desfilando encuerados por la calle hasta que una voz inocente nos obliga a ver la realidad.

    Ayer, el Presidente de la República ensayó un nuevo formato. Mandó al Secretario de Gobernación a entregar el Informe de Gobierno al Palacio Legislativo y él se rodeó de jóvenes. Imagino el deseo que tenía de oír voces frescas. La novedad resultó curiosa ya que recibió preguntas de quienes estaban físicamente a su lado y de quienes lo contactaban vía redes sociales. La forma fue novedosa, ningún Primer Mandatario había hecho algo semejante: ni se habían acercado a los jóvenes tan directamente ni les había hablado con sus medios.

    Enrique Peña Nieto los trató con respeto. Fue una suerte que no tratara de ganarse la simpatía de sus invitados haciendo chistes o pasándose de gracioso. Ocupó un lenguaje cuidado, digno y les mostró interés. Sin embargo, por ahí se filtró un tufo del pasado que dejó un aroma pestilente. Algunos jóvenes aprovecharon la oportunidad para pedir. Tal como se hiciera en el pasado, por momentos parecía que los súbditos se acercaban al Tlatoani para alcanzar mercedes. Me hubiera gustado ver una actitud más propositiva, en la que se expusiera una problemática y se exigieran condiciones de resolución. No que se pidieran dádivas.

    La voz de El Tlacuahce resonó en el formato moderno, quiero becas, quiero apoyos, quiero subsidios, quiero fondos de fomento, quiero, quiero, quiero. Sentí pena que algunos jóvenes estuvieran infectados por esa adicción que nos contamina: esa avidez por vivir del presupuesto, por estirar la mano y exigir que el Gobierno resuelva todo, como si se tratara de un padre generoso y providente. No lo es. Nos lo han hecho creer y es falso.

    El Gobierno de una Nación debe ser un administrador responsable de las políticas públicas y tiene a su cargo crear condiciones que generen crecimiento. Para ello, tal como dice el dicho, es necesario enseñar a pescar y no entregar pescados. Es preciso, generar pescadores independientes que generen riqueza por sí mismos y no aldeanos sumisos que miren al cielo y vean la cara del Señor Presidente.

    En el formato, se notaron las reminiscencias del pasado. Señor Presidente, ¿va a meter a la cárcel a los corruptos?, preguntó por ahí algún valiente que se sintió atrevidísimo por interpelar así al mandatario. Ese sólo hecho, esa pregunta exhibió las costuras, mostró el polvo que no se nos ha quitado. El Presidente de la República es el ejecutivo, no el Poder Judicial. En México, no tenemos un Emperador plenipotenciario que pueda determinar quien se va encerrado y quien se queda a ver la luz del sol. No es su privilegio. Pero, entiendo la confusión. ¿Cómo no confundirse, si por un lado gritamos que todo debe ir conforme a la Ley y por otro se van dando concesiones?

    ¿Cómo no sentirse enredado al ver a diputados faltistas, a senadores dormidos en sus curules, a gobernadores acusados de enriquecimiento ilícito, a maestros que no quieren ir a dar clases, a secretarios de estado que invitan a gente indeseable y a tantos sujetos que viven felices de la vida haciendo lo incorrecto? Me imagino que en la confusión, algunos jóvenes pensarán que eso es lo correcto. No lo es.

    En México, debemos empezar a luchar contra nuestras adicciones. Especialmente, esa proclividad que tenemos a mirar al presupuesto de la Nación como la solución a nuestros males. Seguiremos estancados y reduciendo consistentemente nuestras predicciones de crecimiento si continuamos entercados, creyendo que si nos movemos no saldremos en la foto.

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